Carla se encontró caminando por un pasillo sin fin, envuelto en sombras. No había puertas ni ventanas, solo la sensación de estar atrapada en un espacio que no pertenecía a ningún lugar. De pronto, lo sintió: un susurro invisible, un murmullo que flotaba en el aire sin dueño aparente. Las voces no hablaban con palabras claras, pero su vibración llegaba hasta su pecho, despertando un eco en su alma.
Intentó ignorarlas, pero cada paso hacía que aumentaran, como si la misma oscuridad le susurrara secretos que aún no estaba lista para escuchar. Algo dentro de ella quería decirle algo. Algo que no había querido ver.
Y entonces, en un parpadeo, todo cambió.
Ahora estaba sentada en una cafetería bañada en una cálida luz dorada. A su alrededor, risas y conversaciones llenaban el aire con una vibración familiar. Frente a ella, un grupo de personas sonreía y le hablaba como si fueran viejos amigos. Carla sentía el calor de su compañía, la sensación de pertenecer… pero en el fondo, algo no encajaba.
¿Quiénes eran?
Sabía sus nombres, recordaba historias compartidas, pero en algún rincón de su conciencia, comprendía que jamás los había visto antes. La calidez del momento se mezclaba con una sensación extraña, como si estuviera atrapada en una ilusión. ¿Y si eran fragmentos de su propio ser? Partes de su alma que había olvidado en esta vida, pero que alguna vez conoció.
Otro parpadeo. Otro salto entre dimensiones.
El aire se volvió húmedo y denso. Carla estaba en un bosque oscuro, donde las sombras parecían moverse con vida propia. Las ramas se alzaban como brazos alargados, y el suelo crujía bajo sus pies. Su respiración se volvió rápida. Estaba perdida.
Intentó encontrar un camino, pero cada dirección la llevaba a más oscuridad. Su corazón latía con fuerza mientras sentía miradas invisibles sobre su espalda. No estaba sola. Algo la observaba desde las sombras.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. No sabía si debía correr o quedarse quieta. La niebla se arremolinó a su alrededor y, cuando sintió que el misterio la envolvía por completo…
Despertó.
Su cuarto estaba en penumbra, su respiración aún agitada. Tocó su pecho, sintiendo el latido acelerado de su corazón. Las voces habían callado. Los amigos desconocidos se habían desvanecido. El bosque ya no estaba.
Pero la sensación de haber viajado a otro plano seguía dentro de ella.
Tal vez no había sido solo un sueño. Tal vez su alma había querido hablarle.
**Este sueño refleja una lucha interna: hay algo que la protagonista necesita escuchar (las voces), reconocer en sí misma (los amigos desconocidos) y afrontar (el bosque oscuro). Puede ser un llamado a la introspección o un aviso de que hay aspectos de su vida que necesitan ser comprendidos antes de poder seguir adelante con claridad.
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