Este es el sueño de Cecilia, ella se veia caminando descalza por la orilla de un mar oscuro y profundo. La espuma de las olas tenía un brillo plateado que la hipnotizaba, como si el agua estuviera susurrando su nombre. A lo lejos, vio una figura encapuchada de espaldas, señalando al horizonte.
—Ven, el océano te promete riquezas más allá de tu imaginación —dijo la figura con una voz extrañamente familiar.
Cecilia sintió una mezcla de duda y fascinación. El agua comenzaba a subir por sus tobillos, luego por sus rodillas, y antes de darse cuenta, una ola gigantesca la arrastró mar adentro. Sintió el frío clavándose en su piel mientras giraba en espiral, atrapada en una corriente que no la soltaba. Desde las profundidades, veía destellos de monedas doradas flotando a su alrededor, pero cuando intentaba agarrarlas, se disolvían en arena.
—Nooo… ¡espera! —intentó gritar, pero el agua se llevó su voz.
Cuando ya sentía que no podía más, la corriente cambió repentinamente. El mar la saco a la orilla, la expulso como si fuera un juguete, abandonándola en la arena con el cuerpo exhausto y los pulmones frios, tosia agua salada y miró a su alrededor, curiosamente todo estaba igual… excepto por algo que tenía en su mano derecha: un pedazo de papel empapado con letras casi ilegibles.
Lo levantó con dificultad y leyó entre las manchas: “Promesas vacías… la marea siempre se lleva lo que no es real.”
Despertó sobresaltada, con el corazón latiendo a mil, un escalofrío recorrió su espalda al recordar que justo ese día debía hacer un depósito importante por una inversión que sonaba demasiado buena para ser verdad.
¡Se dió cuenta que en el sueño, el mar le había dado una segunda oportunidad!
**Este sueño refleja la advertencia del subconsciente sobre la inversión de Cecilia. La figura encapuchada representa la falsa promesa, el mar simboliza la trampa de la ilusión, y ser devuelta a la orilla sugiere que aún está a tiempo de evitar la pérdida.**
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