viernes, 7 de marzo de 2025

El Último Adiós, un abrazo del otro plano.

 



En este sueño Felipe-un hombre viudó hace 8 años-, tiene la siguiente experiencia la misma noche luego de haber ido a visitar el reposo de su esposa.

Se vió caminando por un sendero de piedras antiguas. No recuerda cómo llegó allí, pero el aire huele a tierra mojada y jazmines. A su alrededor, un bosque de árboles retorcidos susurra palabras en un idioma que no entiende. La niebla cubre el suelo como un río silencioso.

De pronto la vió! Si es su esposa, vestida con el mismo vestido que se puso en el día de su aniversario más feliz, está parada frente a un arco de enredaderas. Su piel es luminosa, como si la luz viniera desde dentro de ella. No parece una sombra ni un espectro, sino alguien real… demasiado real para ser solo un recuerdo.

—Has venido otra vez… —dice ella con una sonrisa triste.

Él siente un nudo en la garganta. Quiere correr hacia ella, abrazarla, decirle que la extraña cada noche, que no sabe cómo llenar el espacio vacío en la cama ni en su pecho.

—No quiero que te vayas.

Ella baja la mirada y da un paso atrás. El arco detrás de ella parece abrirse a otro lugar, un sitio dorado y tranquilo, pero borroso como un reflejo en el agua.

—No me estoy yendo —responde ella con dulzura—. Ya me fui hace mucho, amor mío. Solo has sido tú quien no me deja ir.

El viento sopla con un murmullo de hojas. Él siente cómo su cuerpo se debilita, como si un peso antiguo se deslizara de sus hombros. Sus manos tiemblan.

—Pero... ¿y si te olvidé?

Ella sonríe y se acerca, colocando una mano cálida sobre su pecho.

—Nunca me olvidarás. Pero tienes que seguir adelante. Yo estoy bien, estoy en paz. Ahora es tu turno de vivir.

Un brillo dorado empieza a envolverla. Su imagen se vuelve difusa, como si la niebla comenzará a reclamarla.

—No… espera… —susurra él.

Ella le deja un último beso en la mejilla, apenas un roce de viento, y desaparece. El jardín se disuelve con ella.

Felipe despierta en su cama. Su rostro está húmedo, pero no sabe si ha llorado en el sueño o en la realidad. Afuera, el amanecer comienza a teñir el cielo de naranja. Por primera vez en mucho tiempo, siente su corazón un poco más liviano.

Tal vez… solo tal vez… ella tenía razón... es hora que Felipe la deje ir y él se reencuentre consigo mismo y vea la vida desde su propia perspectiva


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